jueves, 6 de diciembre de 2012

Prioridades…(III)


Prioridades…(III)

Primacía de alimentar las alas
Prelación de sobrevolar los congéneres
Preeminencia de unos músculos a un intelecto
Olvido
Procedente de bípedos, sin trazas de remos
Indiferencia, de la puerta que los expulsó al mundo
Húmeda cueva, de rizados labios y parterre de piropos
Es el camello en el desierto un ser majestuoso, vital
Y el dueño, le fustiga con el látigo y le corta las entrañas
Pues prioriza, su vida ante su negación de lo obvio,
Se arrimó en demasía al sol, y abrasó sus letras de papel.

Arremolinad@s…(II)


Arremolinad@s…(II)

Eres la esencia verde de mi tallo
Yemas que transitan mi desguarnecido cuerpo
Hojas de fresca mazorca, arropando dados amarillentos
Y campos de girasol anegados de luz y altivez.
Suspendidas llevo las cavidades de mis fanales
Cuan velocípedo al máximo, sin dejar de pedalear
Y atrapando las instantáneas de nuestra vaguada
En el silente sonido de los sones de la campiña
Preñada de olor, color y sabor, guarnecido por su aroma
Vuelvo y os lo cuento, saboreadlo…

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Rostros…(I)


Rostros…(I)

Leo tu atisbo
Añil de opacidad taciturna
Docto del cauce dorado de la arenisca
Traza de oidor sublime del elipsis, rejuvenecedor
Gélida entereza de descriptivos marcados, cuentas valiosas
Ese mutis, prieto, entregado a tu estirpe
Esos hundidos pies en el efímero camino, desperdigado
Aquel llamado, insignificante
Animal erecto, acaudillado
Y estival soñador de dignidades idolatradas
Rasgando la noche, donde la estrella marca el culmen.

martes, 4 de diciembre de 2012

Sin Hielo…(y IV)


Sin Hielo…(y IV)

Ristras de hombres acarreaban en sus hombros
Las gélidas formas, llamábanle cristales de hielo
Fueron de vida altiva, y presiones bajas
Quisieron intercambiar los cánones naturales
Y el agua no fue capaz de subir
Mas el hielo sí bajo
Inundando
Resecos parajes, y ellos sonreían, que frescos pies
Sin soportar el calor de sus cabezas, de sus caras, de sus ojos
Láminas de espejos cubren el desierto de arena
Los pocos, dicen que una vez las montañas tenían un aura nívea.
Los muchos, no dicen nada, sólo no están.